
Estoy viendo la fiesta inaugural de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y no puedo dejar de experimentar asombro, emoción y un dejo de tristeza. Hace días, vengoo releyendo la genial historieta El Eternauta y en uno de los tramos el personaje llamado Manos reflexiona sobre la civilización humana y se maravilla de todos los objetos culturales que ha sido capaz de construir y, a la vez, también destruir.
Mientras no me pierdo detalle del evento chino, pienso en ese pasaje de la historia de Osterheld. En el comienzo de la fiesta, 897 chinos bailando sobre una suerte de papiro virtual y recreando con un juego de luces, imágenes y trabajo corporal, los diversos estadios por los que pasó la historia de la escritura: escribir sobre arena, papiro, la aparición de la imprenta. Abro la boca para que salgan solamente exclamaciones de sorpresa. Me digo cuánta belleza somos capaces de crear y, a la vez, de cuántos desastres tenemos el siniestro privilegio de ser ejecutores.
Por supuesto, la historia de la escritura es solo un tramo de la celebración. China se presenta al mundo con todo su poderío, no sólo para organizar eventos deportivos sino también como potencia económica del futuro.
Sobre este punto, es interesante leer la nota de Martín Caparrós publicada en el diario Crítica Digital.
Hasta ayer, el video que había colgado estaba disponible; hoy, ya no. Lo lamento.
