Mostrando entradas con la etiqueta Y que no mastique chicle en clase. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Y que no mastique chicle en clase. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de marzo de 2008

¡¡Y que no mastique chicle en clase!!


Queridos lectores: me gustaría compartir con ustedes esta nota publicada este jueves en el diario Página/12. Desde hace tiempo vengo pensando de qué manera funcionan las instituciones escolares y, con ellas, los directivos, profesores/maestros y alumnos.

Estoy absolutamente convencida de que jamás tendremos una escuela de calidad si lo que importa es obedecer, condenar el error y deshumanizar la enseñanza. Y esta secuencia vale para todas las direcciones: del docente al alumno y también del directivo al maestro.

Necesitamos alumnos, directivos, maestros que "piensen", que "razonen", pero me pregunto hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar que esto realmente suceda. Sobran ejemplos en las escuelas, centros de estudio, profesorados, donde cualquier negociación (de saberes, de miradas, de propuestas) es vista con desconfianza, cuando no con recelo y resentimento.

Es imposible hablar de una educación para la diversidad si los adultos internamente no tenemos resuelta la tensión que significa admitir lo diferente, cuando lo que se espera es un falso respeto que tiene más de acatamiento que de verdadera aceptación y acuerdo.

Los invito, entonces, a leer este artículo para abrir nuevos frentes, nuevas brechas y rasgar el velo de hipocresía y "como si" que tanto daño hace y que alimenta la deserción, la falta de horizonte, el desgano, el ausentismo, en suma, la agonía de eso que llamamos ampulosamente educación.

Norma