- La escuela no es una isla; un joven, un chico está algunas horas en la institución ¿Qué pasa, entonces, en otros sitios que no son la escuela? Sería interesante preguntarse qué viven los jóvenes en sus casas, en las calles, en la cancha, en los boliches bailables.
- Los alumnos que hoy recibimos son el producto de lo que el mundo adulto ha permitido, avalado, enseñado, mostrado como ejemplo y referencia ¿Qué ocurre con la generación adulta responsable de estos jóvenes agresores y agredidos?
- Los casos relevados en los medios muestran que la violencia no es algo privativo de las clases sociales más desfavorecidas. Los chicos con mayores recursos también pueden apelar a métodos violentos para intentar resolver las diferencias.
- Las últimas noticias dan cuenta de una violencia horizontal y vertical. Jóvenes contra pares y también contra adultos. Parece, entonces, que el maltrato no tiene miramientos jerárquicos. Y en este sentido convendría hacer un profundo examen del entramado violento que cala en todos los órdenes: directivos que maltratan docentes; profesores y maestros maltratadores de alumnos, padres/madres agresores de sus propios hijos.
- Sobre el punto anterior, me gustaría señalar que hay una multiplicidad de episodios violentos que se ofician sin el uso de armas, ni instrumentos especiales: la descalificación, el comentario irónico, la envidia que no puede resolverse sino en términos de destrucción, el autoritarismo jerárquico, la amenaza velada para instalar el miedo (a perder la vacante, a perder el trabajo), la imposibilidad de incorporar lo que es "raro", distinto, fuera de la norma habitual, la neutralización de toda idea creativa/ diferente no prevista (aunque sea útil y mejor que la propuesta por la autoridad). Estos rasgos se entrelazan hasta constituir un malestar ya naturalizado en muchas instituciones educativas.
- La falta de mediación, de acercar posibles soluciones, de argumentar , de hacer uso de la palabra y la negociación lleva a desenlaces fatales en el orden físico (golpes, muerte, en el peor de los casos) y simbólico (deterioro de la autoestima, miedo, resentimiento, falta de sentido y de pertenencia a un grupo o institución). La palabra amordazada trae las consecuencias que son de terrible dominio público. Por el contrario, favorecer que el discurso crezca y se expanda descomprime situaciones que a la larga se pueden convertir en tragos violentos.
- La ruptura de pactos de confianza: la escuela descree de los padres, éstos desconfían de los maestros, los chicos miran con recelo a sus compañeros y así. Instituciones venidas a pique permiten ver cómo flotan los despojos. Mientras tanto, la violencia se instala y la sociedad termina herida y desconcertada. Para pensar.
Los invito a leer una nota publicada en el matutito Página/12 sobre el tema de los jóvenes violentos.
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-101925-2008-04-05.html
Norma